Un dia en la vida de un Cardiólogo

Un médico sin hábitos saludables, fumador, obeso o consumidor de alimentos dañinos, confunde a sus pacientes. Somos seres humanos, tan vulnerables a las enfermedades como los otros, pero somos médicos a pesar de nosotros mismos y trato de pensar
que hablando desde la confianza de la experiencia propia, los pacientes seguirán con más seguridad nuestras indicaciones.
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Dra. Wendy Yasdin Sierraalta Navarro Cardiólogo, Profesora de Ecocardiografía. CETRUS SÃO PAULO, BRASIL

Cuando me preguntan sobre alguna experiencia en que sienta que como médico mi intervención haya cambiado la vida de algún paciente, sólo puedo pensar:

Espero que en todas las consultas eso haya ocurrido. Ya que de una u otra manera, esa debería ser la regla y no la excepción. Sin embargo los pacientes, pueden tener pequeñas intervenciones que causen impacto significativo en nuestras vidas, y ¿como no hacerlo? Si día a día escuchamos sus historias, sus inquietudes y sus más profundos temores.

 

En un hospital en Sao Paulo, dónde hice mi especialización en cardiología y ecocardiografía, estaba orientando a un paciente sobre modificaciones en su estilo de vida. Era un paciente obeso y sedentario. Entonces dije con el tono imperativo que a veces caracteriza la inmadurez del joven residente: "Debe comenzar a hacer ejercicio y mejorar su alimentación". A lo que este paciente, en tono defensivo, preguntó: ¿Y usted?, doctora, ¿Usted sigue sus propias recomendaciones?. En el momento, pensé sugerir que "Los pacientes deben poner en práctica lo que el médico indica y no lo que el médico hace", pero me quedó claro, que ellos quieren médicos que sean reflejo de salud, y por allí comienza la confianza en nuestra relación.

 

En la época de residencia, el estrés de las clases, consultas, guardias, exámenes; nos inundan de circunstancias en las que el sedentarismo y la mala alimentación ganan la batalla, y muchas veces sacrificamos nuestra vida presente por la meta a futuro. Sin saber que en ese futuro, tal vez no cambian mucho esa condiciones de vida.

 

Entendí que yo no era diferente a mis pacientes, que muchas veces trabajan dobles turnos, sin tiempo para actividades de esparcimiento o dedicadas a la salud individual, no tienen ingresos suficientes para cuidar de su propia alimentación, o teniéndolo, prefieren invertir en otras necesidades familiares para sobrevivir, y la consecuencia tanto en ese paciente como en mí, era la misma, sobrepeso y problemas metabólicos.

 

¿Cómo le pido a mis pacientes que se ayuden si yo misma no lo hago? A partir de ese comentario, espontáneo, honesto, y sin malicia alguna, tomé la iniciativa de hacer lo que le pedía a los pacientes. Reducir el estrés, buscar alternativas ante el sedentarismo, aunque parezca que no hay tiempo suficiente en el día, y tratar de balancear la alimentación con recursos limitados. Eso me ayudó a buscar para ellos y para mí, metas más realistas.

 

¡Historias de vida que nos inspiran!

 

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