El cuidado de la salud cardiovascular se encuentra en una encrucijada crítica marcada tanto por la innovación clínica como por los cambios en los paradigmas del cuidado de la salud. Tim Attebery y Tim Henry hablaron sobre los retos y las tendencias clave que enfrenta el cuidado de la salud cardiovascular durante un foro de expertos patrocinado por Philips. A través de la perspectiva ejecutiva de Attebery y la experiencia clínica de Henry, podemos construir una hoja de ruta para el futuro de la cardiología. Enfrentar estos retos de manera directa puede preparar el camino para obtener mejores resultados del paciente, una prestación de cuidado de la salud más eficiente, mayor satisfacción laboral y un futuro más prometedor para el cuidado de la salud cardiovascular.
El Dr. Attebery comenzó la conversación con una comparación contundente: Estados Unidos destina aproximadamente $320 mil millones cada año1 en servicios cardiovasculares, cifra equivalente al PIB de la República Checa. Esta estadística impactante subraya la gravedad de la enfermedad cardiovascular en la economía nacional, una preocupación que no puede ser ignorada por los líderes del cuidado de la salud. La distribución de estos fondos es reveladora. Una cantidad desproporcionada se destina a los servicios para pacientes hospitalizados, pero Attebery señaló que apenas el “5 % de los pacientes con algún tipo de enfermedad cardiovascular supone el 50 % del cost”.2 Comprender a este grupo demográfico es fundamental, continuó Attebery, ya que estos son los pacientes que podemos predecir, los que podemos planificar para mitigar costos de manera eficaz.
Aproximadamente el 5 % de los pacientes con algún tipo de enfermedad cardiovascular genera el 50 % del costo.2
Attebery siguió advirtiendo sobre el aumento de los costos y la inminente insolvencia de Medicare, mientras los hospitales sufren dificultades económicas. La interacción entre pagadores y sistemas de salud, la llegada de la IA y las soluciones digitales, y la migración del cuidado de la salud fuera del entorno hospitalario están transformando el panorama en el que operan los cardiólogos.
Con el panorama cambiante de la cardiología establecido, Tim Henry dirigió el enfoque hacia la salud poblacional, presentando retos sociales que complican el cuidado de la salud cardiovascular. “El 60 % del país ahora tiene un IMC que corresponde a obesidad [o sobrepeso]4, y casi el 40 % son diabéticos, o están a punto de desarrollar la enfermedad”,5 afirmó. El consumo de alcohol y drogas también supone retos significativos tanto para los pacientes como para los profesionales de la salud. Estas enfermedades relacionadas con el estilo de vida no solo influyen en el aumento de los costos, sino que también complican la prestación y eficacia del cuidado de la salud cardiovascular, lo que pone de manifiesto la urgente necesidad de soluciones para abordar estas afecciones subyacentes desde una perspectiva integral de la salud.
Además, las complejidades e ineficiencias del seguro de salud, con su laberinto de autorizaciones previas y falta de transparencia en la cobertura, dificultan tanto el acceso de los pacientes como la capacidad de los profesionales para administrar un cuidado de la salud oportuno. Henry señaló un evidente desajuste de incentivos: a los pacientes que necesitan cuidados intensivos y medicamentos a menudo se les niega el acceso debido a obstáculos de seguros. Defendió un cambio radical en los incentivos: uno que priorice el cuidado preventivo de la salud y recompense el cumplimiento terapéutico. Según Henry, es fundamental que los líderes en cardiología defiendan sistemas de seguros simplificados y una cobertura mejorada para garantizar un acceso equitativo al cuidado de la salud cardiovascular para todos los pacientes.
En New-Ulm, Minnesota, con una alta tasa de ataques cardiacos, Henry relata una iniciativa audaz para frenar los sucesos cardiovasculares. A pesar de las evaluaciones gratuitas y las campañas de salud pública que lograron una mejora general en el manejo de la presión arterial y los lípidos, la iniciativa reveló una verdad inmutable: una parte significativa de la población sigue siendo indiferente a las medidas preventivas. El resultado: una dicotomía en la que el 70 % de los pacientes que participaron en el programa experimentaron mejoras, mientras que el 30 % restante continuó con sus trayectorias de salud perjudiciales.
“No se puede obligar a la gente a hacer lo que no quiere hacer”, reflexionó Henry, señalando las complejidades del cambio de comportamiento en la salud. El recordatorio sobrio de Henry es que, a veces, a pesar de nuestros mejores esfuerzos, existe una fracción de la población que se resistirá al cambio.
Aunque los pacientes enfrentan muchos retos, los profesionales de la salud también se enfrentan a obstáculos que dificultan la prestación de un cuidado de la salud cardiovascular de alta calidad, así como el bienestar y la retención del personal.
Ambos expertos afirman que la actual escasez de trabajadores del cuidado de la salud, agravada por la pandemia COVID-19, supone una grave amenaza para la estabilidad de los hospitales. Henry señaló que la economía del cuidado de la salud está en apuros, con costos cada vez más altos y una disminución de los reembolsos de Medicare. Los hospitales tienen dificultades para reclutar y retener a médicos, personal de enfermería y otros profesionales del cuidado de la salud.
Henry sugirió que un factor clave detrás de estas tendencias es que los cardiólogos a menudo se encuentran ante un enigma de responsabilidad sin autoridad, luchando bajo el peso de la burocracia interna y la opacidad en la toma de decisiones. Reflexionó sobre las decisiones y consecuencias de este equilibrio, y señaló que la ausencia de autoridad en la toma de decisiones lleva a una fuerza laboral marginada y a una parálisis de toma de decisiones dentro de las instituciones.
“Cuando hago esta pregunta tan sencilla, '¿Cómo tomamos decisiones aquí?' hoy, no recibo una respuesta clara”, expresó Henry, resumiendo la frustración que sentían muchos en el campo.
Attebery estuvo de acuerdo, y llamó la atención sobre el efecto corrosivo de la burocracia interna en la moral y productividad de los médicos. La burocracia interna de los sistemas de cuidado de la salud y las presiones burocráticas externas erosionan el tiempo y los recursos de los especialistas cardiovasculares, que son uno de los activos más valiosos en un hospital, según Attebery. Sostuvo que gran parte de la frustración y el síndrome de desgaste profesional que experimentan los médicos cardiovasculares se debe a ineficiencias solucionables en el flujo de trabajo, y no solo a la carga de trabajo.
“Se puede elegir a un médico estrella y ponerlo en un entorno subóptimo, y ya no será una estrella, porque la cultura es una fuerza restrictiva”, dijo Attebery. El síndrome de desgaste profesional no es una consecuencia de la cantidad de trabajo, sugirió. Es una consecuencia del compromiso y del vínculo psicológico con el trabajo. La solución reside en fomentar una cultura en la que los especialistas cardiovasculares se sientan valorados, involucrados y parte de una misión.
Para concluir el análisis de los retos de los profesionales, Henry destacó la importancia de la orientación en el cuidado de la salud utilizando una cita famosa de Yogi Berra: “Si no sabes a dónde vas, puede que no llegues”. La gobernanza desempeña un rol fundamental en este proceso. Él cree que la gobernanza impulsada por los médicos es la clave para tomar decisiones efectivas y fomentar una cultura de compromiso y responsabilidad entre los profesionales. “Si se faculta a los profesionales para que tomen decisiones, nosotros tomaremos buenas decisiones”. Los médicos deben estar a la vanguardia en el cambio de la organización”, añadió Henry.
Se puede elegir a un médico estrella y ponerlo en un entorno subóptimo, y ya no será una estrella, porque la cultura es una fuerza restrictiva.
Attebery y Henry han puesto de manifiesto las oportunidades y los retos multifacéticos que enfrenta el cuidado de la salud cardiovascular en la actualidad. La conclusión es clara: existe una necesidad urgente de equilibrar los aspectos empresariales y de cuidado del paciente del departamento. Esto requerirá asumir el rol de agente de cambio, fomentar una cultura de compromiso y empoderamiento entre los médicos, y abordar las ineficiencias sistémicas.
El futuro de la cardiología está repleto de retos, pero también de oportunidades. Lo que suceda dependerá de la capacidad de adaptarse, innovar y liderar con convicción. Al reconocer las tendencias, abordar los retos de pacientes y profesionales, e incorporar el liderazgo médico, la cardiología puede transformarse en una especialidad más eficiente y sostenible tanto para los pacientes como para los sistemas de salud.