Dados los incentivos actuales —aunque accidentales— no es sorprendente que los equipos de profesionales sanitarios a menudo se adueñen de los monitores de pacientes y los fungibles que podrían salir de sus áreas. Podrían ponerles etiquetas. Podrían esconderlos. O podrían hacer ambas cosas. Al fin y al cabo, necesitan saber que pueden encontrar lo que necesitan y que funcionará. En cierto modo, solo responden a presupuestos aislados, tipos y configuraciones de equipos mixtos, y flujos de trabajo fragmentados. Pero estas acciones también pueden afectar el cuidado del paciente, las cargas de trabajo y las operaciones. Entonces, ¿cuál es la mejor manera de dejar atrás la “cultura de la apropiación”?
Si bien la cultura de la apropiación es producto del entorno en el que trabajan muchos equipos de profesionales sanitarios, conlleva consecuencias negativas persistentes. Dedicar tiempo a buscar los monitores y los fungibles distrae a los equipos de profesionales sanitarios de la atención de los pacientes. La acumulación de equipos puede afectar la disponibilidad en otros lugares, lo que puede retrasar el cuidado de la salud. También puede obstaculizar flujos de trabajo innovadores entre unidades y hacer que los equipos hagan solicitudes innecesarias de equipos adicionales.
Ha llegado el momento de encontrar una mejor manera, una que pueda generar confianza: la confianza de que el equipo confiable estará disponible donde y cuando los equipos lo necesiten. Afortunadamente, los sistemas de salud que han afrontado el reto tienen consejos que compartir:
Dentro de los sistemas de salud, los monitores y los fungibles suelen variar de un hospital a otro, e incluso entre las unidades de un mismo centro. Esta mescolanza induce a los equipos de profesionales sanitarios a acumular equipos, para asegurarse de contar con monitores en los que pueden confiar y con los fungibles compatibles. Al estandarizar con una solución fiable en todo el centro de atención —e, idealmente, en todo el centro hospitalario— los sistemas de salud pueden fomentar el intercambio. Esta estandarización debe extenderse a las revisiones de software y a las configuraciones del monitor, con flexibilidad en estos últimos para una adaptación cuidadosa y coordinada en las unidades de cuidados.
Cuando los departamentos deben comprar sus propios equipos de monitorización —y pagar para reemplazarlos con los presupuestos existentes cuando se averían o desaparecen—, sus equipos de profesionales sanitarios pueden sentirse posesivos. Al trasladar los costos de monitorización de pacientes a nivel del establecimiento (o incluso a nivel del centro hospitalario), los sistemas de salud pueden cambiar la forma en que los equipos de profesionales sanitarios perciben los equipos. Entonces pertenecen a toda la institución y, en cierto sentido, a sus pacientes.
A un nivel básico, eliminar la necesidad de buscar equipos de monitorización puede ayudar a controlar parte del estrés y de las demandas de tiempo que experimentan los equipos de planta. Pero un suministro fiable de equipos compartidos puede tener otros beneficios, incluyendo habilitar flujos de trabajo innovadores entre unidades. Fomentar un cambio cultural ayuda a los equipos a entender cómo pueden soportar sus cargas de trabajo y apoyar a sus pacientes, al mismo tiempo que buscan cómo mejorar la implementación de los cambios.
Cuando el equipo se traslada con un paciente a otra unidad clínica, el equipo remitente debe saber que lo recibirá de vuelta de manera oportuna y adecuada, sin tener que recorrer los pasillos; si no es el mismo conjunto, al menos uno equivalente. Esa expectativa exige una forma organizada de devolver el equipo, para que no acabe en rincones y recovecos. Los sistemas de salud han probado diversas estrategias en respuesta:
Independientemente del modelo que se siga para el retorno, los equipos de profesionales sanitarios necesitan una forma de comunicarse o coordinarse respecto al equipo que se traslada entre unidades. Las posibilidades incluyen un canal en Microsoft Teams o el uso de tareas en la historia clínica electrónica para realizar solicitudes o marcar el equipo disponible que debe ir al destino acordado.
Dado que es difícil cambiar los hábitos, es fundamental establecer la rendición de cuentas, al igual que el apoyo de los jefes, tanto a corto como a largo plazo. Inevitablemente, surgirán contratiempos y la necesidad de resolver problemas. Idealmente, la iniciativa debería contar con el respaldo de la alta dirección, especialmente del jefe de enfermería, quien puede designar a un líder en gestión del cambio. A partir de ahí, el apoyo clave proviene de los supervisores de enfermería responsables de la gestión de procesos en cada unidad, para ayudar a capacitar a los equipos y asegurar que el equipo se comparta y se devuelva. La observación en la sala sigue siendo útil para verificar el flujo de equipos y los puntos conocidos de acopio. Los fallos ofrecen una oportunidad educativa — y una nota para los supervisores, si persisten los fallos.
Para una adopción exitosa, la capacitación no debe terminar una vez que se completan los esfuerzos iniciales. La cultura de compartir a menudo resulta novedosa, por lo que requiere educación continua. Los usuarios destacados pueden seguir apoyando los esfuerzos, y los líderes de proyecto pueden utilizar reuniones breves para proporcionar actualizaciones, compartir recordatorios y evaluar el progreso. Llegar a todos los equipos de profesionales sanitarios es fundamental, ya que una iniciativa bien gestionada para compartir y devolver los equipos depende de la participación plena de todos.
Un cambio tan significativo en la cultura y en los procesos requiere una planificación adecuada y una implementación reflexiva. Sin embargo, existe el peligro de adoptar un enfoque fragmentado y avanzar demasiado despacio. Los centros de cuidado de la salud no se beneficiarán de tener dos sistemas diferentes y competidores funcionando simultáneamente. Tampoco quieren que los equipos vuelvan rápidamente a sus antiguas costumbres. Por lo tanto, una vez que los preparativos están hechos, es hora de hacer una transición completa. ¿El objetivo final? Que los equipos pregunten, “¿No lo hemos hecho siempre así?”.